miércoles, 21 de noviembre de 2012

A waste of thumbs

[21/11/2002]

what a waste of thumbs that are opposable
to make machines that are disposable
and sell them to seagulls flying in circles
around one big right wing

(Ani DiFranco)

[21/11/2012]

A Google-like search on your life

[21/11/2002]

Imagine being able to run a Google-like search on your life (New Scientist, via Evhead).

[21/11/2012]

Nuevo link.

Ayer reproduje el comienzo del primer cuento de mi hijo Gabriel

[21/11/2002]

Ayer reproduje el comienzo del primer cuento de mi hijo Gabriel, que el mes que viene cumple siete años. A pedido del público, aquí va el original de ese fragmento (haciendo click en la imagen aparece una versión más grande y legible):


[21/11/2012]

Esta ya es la "versión más grande y legible". Es que en aquella época de bajas resoluciones no entraba en la columna principal del blog.

Link al otro post, acá en MW+X.

El texto de Helvecia

[21/11/2002]

La semana pasada recibí (y reproduje) un texto inspirado por esta foto (que también había puesto aquí):


Se ve que el ejemplo cundió, porque ahora me llega un segundo texto surgido de la misma foto. Como el anterior, viene firmado por alguien que no conozco, y que no pone su nombre completo. La autora, Helvecia. Aquí va:

(Dedicado a Pepe.)

En el suelo, delante de mis pies, han quedado unos cráteres oscuros. Respiro hondo y vuelvo a observarlos; me sube un temblor, desde los dedos de los pies descalzos; recién me doy cuenta porque vine corriendo y no hay temblores que me molesten cuando estoy tan agitada. Me asustan los grandes pozos, uno al lado de otro, de límites recortados; me recuerdan a la forma de las barrancas en la orilla de los ríos, cuando la erosión ha dejado la tierra hecha pedazos y allí en lo alto aquel límite, como si quisiera formar una cresta, haciendo de cuenta que no llegará para él el momento de desbarrancarse. Ilusión estéril, porque otras lluvias vendrán y lo que ahora es tierra firme mañana será polvo, en el fondo del río o allá, en el río grande como mar. En miniatura, los límites de estos cráteres convocan a aquéllos. Yo, parada firme frente al espectáculo porque adentro, ay, adentro los cráteres forman dibujos, pero no puedo decir dibujos porque lejos de ser planos, son remolinos en el fondo del mar con peces muertos y boquiabiertos que se chocan con el lomo de un dinosaurio de cola mutilada y gigantescas culebras se entretejen y todo parece un fondo del mar requeterrevuelto adonde fueron a parar unos pedazos de llamas y no me explico cómo habrán hecho ellas, del altiplano, para llegar hasta el fondo del mar. Un paisaje aterrador, eso es lo que veo en este cráter porque en el otro ya no quiero saberlo, realmente me da temor involucrarme también en ese mundo. Levanto la vista y recuerdo que estoy aquí arriba en el cerro, miro adelante y adonde antes la extensión de campo estaba salpicada por una y otra casa, hoy se ha formado un pueblo; si me esfuerzo puedo oírlos, todo el bla bla de aquella gente, sus chusmeríos y me tienta irme de mí y seguirlos y entonar con ellos los ritmos de las cantinelas mundanas y agarrar un rebenque y encerrar en su corral a las cabras, al ritmo de:

-Vaamos, vamos, al corral las caabras ?un silbido y otro, como Aníbal Borges, siempre haciendo eso pero él es peor porque son las ovejas, y en paz, él tranquilo, encerrando a cada bicho en el corral correcto. Pero yo no sirvo para arrear ovejas, ni cabras (aunque sea más divertido), ni para perderme para siempre en las cantinelas, aunque me tientan, ni para agarrar el rebenque...

Pero con ellos, en el pueblo que veo ahora alborotarse con el claro de la mañana ¿será que se ha ido mi espíritu?, de hecho, hay una alegría mía que goza con ellos allá. Pero yo estoy aquí de nuevo, aquí frente a los cráteres que ha dejado en su lugar el ombú del cerro de Aníbal.

De pronto, algo me da una frescura por adentro y me animo a mirar de lleno al otro cráter, el que no quise antes leer, por miedo; lo veo hondo y oscuro, ni un solo retoño, me detengo un poco más y me sale de adentro una certeza: así es el ombú, puede vivir en esa forma de agujeros muchos, muchos años, pero hay muy allá en el fondo, quizás muy adentro de la tierra, una ley irrefutable: siempre, siempre, despertará en nuevos brotes que traerán, vaya a saber en qué primavera, un nuevo ombú frondoso para el cerro de Aníbal.
Helvecia
[21/11/2012]

Ya conté el secreto aquí. Este es otro texto producido en el taller literario de Mario Levrero / Jorge Varlotta. No sé quién es Helvecia.

martes, 20 de noviembre de 2012

Sigue el diccionario de la antigua Grecia

[20/11/2002]

Teles de Mileto. Primer fabricante de televisores de la antigüedad. Célebre por su demostración de que dos segmentos de audiencia de un canal son proporcionales a los dos segmentos de audiencia correspondientes de otro canal, cuando los programas son para lelos.

Olimpopó. Caca divina.

Zezeus. Dios que habla siempre con la zeta.

Nuevo diccionario de la antigua Grecia

[20/11/2002]

Alejandro Mango. Gobernante fácil de agarrar.

Apenas. Nombre de Atenas cuando sólo era una pequeña aldea.

Cocorinto. Antigua capital de las gallinas.

Efeo. El más desagradable de los mares griegos.

Empédocles. Ver Pisístrato.

Espanta. Nombre dado a Esparta por sus temerosos enemigos.

espartapájaros. Artilugio usado en Esparta para espantar cuervos.

Esquilo. Creador de tragedias para ovejas.

gracia. Chiste de Grecia.

Herodotro. Otro historiador.

homeroteca. Colección de obras de Homero.

Pisístrato. Ver Empédocles.

[20//11/2012]

En los días siguientes habría más de esto. Alguien lo recopiló y reunió aportes de otras personas, para hacer esta página. El invento siguió circulando, apareciendo en foros y demás, ya de forma anónima: un ejemplo, y otro.

Había una vez un chico que era muy pobre que vivía en España

[20/11/2002]

"Había una vez un chico que era muy pobre que vivía en España y el día 13 de octubre vino un huracán que sacó volando al chico que se llamaba Juan. Juan llegó a un país de un mundo desconocido. El huracán lo llevó a un parque donde había unos marcianos que se sorprendieron mucho al ver a Juan. Los marcianos le mostraron el país aunque un poco asustados."

(Así empieza la página uno del primer cuento de mi hijo Gabriel, que el mes que viene cumple siete años. Va por la página ocho. Todavía no terminó, aunque ya hubo tres o cuatro precipicios infinitos, y peligros asombrosos como un dios del pasto.) (Corregí algunos errores de ortografía.)

lunes, 19 de noviembre de 2012

Palabras

[19/11/2002]

Ariscócteles. Filósofo griego, inventor del margarita.

Tequilo. Medida de peso para bebidas alcohólicas.

*

Derrotero. Itinerario del buque vencido en una batalla.

Deshilacharse

[19/11/2002]

Algunas nubes tienen una forma de deshilacharse poco a poco que parece que duele.

To do

[19/11/2002]


Horizontal

[19/11/2002]

Ninguna horizontal es perfecta. Todo va en subida o cuesta abajo. No hay equilibrio.

Apurado, apurada

[19/11/2002]

Apurado, apurada, tropezando, tanteando, encendidos de ansiedad, angustiado, angustiada, a trasmano, a traspiés, discutiendo, disputando, disímiles, disimulando, cansado, cansada, apagados, apaleados, ahora mismo, ahora, ya.

[19/11/2012]

En 2007 le puse música (que subí a la Mágica Web). Aquí está, gracias a archive.org:



(Es mi voz, subida cuatro o cinco semitonos.)

domingo, 18 de noviembre de 2012

Filtros

[18/11/2002]

Tenía los filtros demasiado sucios, pero me dio pereza limpiarlos. Así que me los arranqué y los tiré ahí al lado, en el piso. Ahora pienso con más claridad, aunque no sé cuánto va a durar.

Control remoto

[18/11/2002]

Él se quedó apretando enloquecido los botones del control remoto. Pero ella siguió alejándose como si nada.

Se dobla pero no se rompe

[18/11/2002]


Migración

[18/11/2002]

Los acondicionadores de aire saltaron de sus huecos en las paredes y remontaron vuelo. Eran tantos que pusieron negro el cielo. Mientras nos torcíamos el cuello para mirarlos, todos juntos emigraron hacia el invierno del norte.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Diarios de dos planetas

[16/11/2002]

"Muñecos esparcidos por toda Buenos Aires causaron sorpresa. Un grupo de artistas colocó veinticinco humanoides de látex en situaciones de riesgo. La Policía y el SAME estaban avisados pero no se pudieron evitar episodios confusos en la calle." (Clarín)

"El día de los falsos muertos. Una veintena de muñecos de plástico con aspecto humano fueron arrojados en la calle como parte de un proyecto del Rojas. Hubo indiferencia, solidaridad y hasta algún incidente con golpes." (Página/12)

Si uno lee la noticia en Clarín, la sensación es que un grupo de locos peligrosos agredió gratuitamente a la población, que reaccionó con sensibilidad, solidariamente, y en algunos casos con justa indignación.

Si uno lee la noticia en Página/12, la sensación es que un grupo de artistas notables mostró aspectos patéticos de una sociedad egoísta, vanidosa, agresiva, llena de temores.

En ambos casos se trata de una sucesión de episodios anecdóticos, la mayoría elegidos a propósito para el enfoque particular de cada diario. Algunos de esos episodios, en cambio, son los mismos en ambos medios, y sólo difiere la forma en que se los relata. Un ejemplo:

Clarín: "Una mujer por encima de los 70 se acercó al muñeco de Defensa y Estados Unidos y empezó a llorar. 'Veo este cuerpo y me imagino que soy yo misma tirada, muerta', se derrumbó."

Página/12: "El cuerpo descansa en la vereda. Una mujer de unos 70 se queda mirándolo impresionada. Fue tal su actitud, que uno de los alumnos del Rojas se acercó para explicarle. 'Ya sé, ya sé –le dijo la mujer–, lo que pasa es que me veía yo, así, dentro de unos años, sola, abandonada.'"

Otro:

Clarín: "En Avenida Alvear y Ayacucho, todo terminó mal. Primero un portero creyó que el muñeco era el diariero que acababa de sufrir un infarto. Después salieron desde la casa Versace y el Hotel Alvear para exigir que sacaran el cuerpo ensangrentado del lugar. Recién lo hicieron cuando un médico y vecino de la zona trompeó a uno de los supervisores del proyecto."

Página/12: "Frente a la Galería Alvear, un muñeco intentaba transmutar la indiferencia de la gente. Reaccionó un vecino, distinguido médico según se informó más tarde. Primero volcó su energía sobre el croto de plástico. 'Debía suponer que le ensuciaba la vereda', supuso el director [de la experiencia, Emilio García Wehbi]. Pero cuando descubrió que un fotógrafo registraba la escena, lo atacó a trompadas. El colaborador del Rojas terminó herido en el Fernández."

Me pregunto qué diario reflejará lo que sucede en mi propio planeta. ¿Uno de estos? ¿Otro? ¿Cómo saberlo?

[16/11/2012]

Nuevo link para la nota de Página/12.

Queda claro que no es nada nuevo que ambos diarios sean tan diferentes.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Lo que te llevás

[15/11/2002]

"Cada vez que venís te llevás momentos", dice el afiche de Unicenter.

Sí, claro. Para llevarte cosas deberías tener plata.

¡Jua jua jua!

[15/11/2002]


¡Juaaaaaaah jua jua jua jua!
¡Ji ji! ¡Iiiiiiii ji ji jiiiii!
¡Juaaa juaaaaaaaa jua jua jua!
¡Aaaaaaahhh! ¡Ju ju!
¡Jjjjjiiiiaaaaaaaaaaaaaaa jua jua jua!

(Gracias a Susanne.)

"Bruma", por Nolo

[15/11/2002]

Alguien que firma Nolo me envió el texto que reproduzco a continuación, inspirado por esta foto que puse aquí no hace mucho. (Hay un giro curioso, porque la foto llevaba como título "Desde el tren", y en el texto de Nolo el medio de transporte es otro, tal vez aún más válido para la atmósfera de la imagen.)




BRUMA
por Nolo
Navegar no es necesario
Necesario es vivir

Solo, me dejaron solo, y lo disfruto. Frente a mí tengo la isla, atrás el continente. Falta poco para llegar, falta poco en distancia, pero bastante en tiempo porque casi no hay viento. Mis hijos duermen abajo, cansados. Tuvimos una noche muy movida. Un inesperado vendaval nos obligó a tomar un rumbo demasiado cercano a la costa, un rumbo desconocido, peligroso, por una zona con islas y restingas. Yo al timón, Alejandro y Manuel subiendo y bajando velas según las cambiantes circunstancias. El único rumbo razonable, que le daba cierta estabilidad al barco, era hacia tierra. Tuvimos un momento muy difícil cuando mis dos hijos estaban tratando de bajar la vela mayor. Vino una ola desde un lugar inesperado. No pude evitar un bandazo que desestabilizó el barco. Pudo haber tirado a alguno de los muchachos al agua. Por suerte quedaron los dos prendidos del mástil, milagrosamente a salvo del violento barrido de la botavara, que dio un bandazo de babor a estribor. No quiero ni pensar lo que hubiera pasado si cae alguno de mis hijos al agua, de noche y con ese mar. Pero ya está, pasó la noche, bajó el viento y ya fijamos de nuevo el rumbo. Los muchachos se fueron a los camarotes y yo quedé en el timón, con las velas desplegadas rumbo a la Isla de Flores. Viniendo de Punta del Este, uno toma la isla por afuera, por el Sur, pero con la tormenta quedamos del otro lado, del lado de la costa. Por eso, ahora queremos bordearla por el Este, rodearla y poner proa hacia el Buceo.

Desde atrás me llegan los graznidos de unas gaviotas. Me doy vuelta, las sigo oyendo pero no las veo, no veo la costa. Desde la tierra avanza una bruma densa que recién descubro. Muy pronto, lo único que percibo son los graznidos de las gaviotas, que ya pasaron y se alejan. El barco sigue su camino lento y silencioso rumbo a la isla que se desvanece rápidamente.

La sensación es inquietante. Amaneció pero no se ve nada, no llego a distinguir la proa. Estoy rodeado por una creciente luminosidad sin formas. Si no fuera por los olores, los suaves golpeteos del agua en el casco y la humedad en la cara, podría decirse que estoy sentado en un banco de mi casa. Ya no veo ni el mar ni el cielo. No veo nada. ¿Dónde está la isla? ¿Estaba a dos millas? ¿A una? Con la distracción pude haber avanzado mucho sin darme cuenta. ¿Y si la tengo arriba?

La Isla de Flores realmente son tres islas. Del lado Sur uno encuentra aguas profundas y no tiene rocas sumergidas; se puede navegar pegado a tierra sin problemas. Pero desde el punto en que navego, desde tierra y el Este, la isla continúa hacia mi y el barco con rocas ocultas bajo el mar. De día se ven, pero con esta neblina estoy ciego, ni siquiera veo la isla, apenas me veo las manos que agarran al timón firme y desesperadamente. No sé cuán cerca estoy, no sé si apunto a la costa Este de la isla o a la costa Oeste, no veo nada y me está ganando el pánico. En los puertos y sus boliches me han contado sobre mil naufragios en estas circunstancias. Mis hijos duermen abajo en las literas y yo no sé muy bien qué hacer.

Tengo que parar de pensar y empezar a actuar, aún a ciegas, totalmente a ciegas, actuar. Puedo soltar las velas y dejar de navegar, parar el barco. Pero el barco no se va a detener, lo va a arrastrar la corriente que no tengo idea para dónde va, muy probablemente derecho a la isla. Lo peor es quedarse sin gobierno, si suelto las velas me quedo sin gobierno y la corriente, aún lenta, me puede llevar indefenso contra las rocas. Busco con la vista el compás, fijado en una mampara que tengo muy cerca, y que por suerte alcanzo a ver, el rumbo sigue idéntico. Puedo virar un poco a estribor, pero no tengo noción de cuánto, el remedio puede ser peor que la enfermedad.

El único problema que uno tiene llegando al puerto de Buceo desde el Este, es la Isla y unas restingas hacia la costa: las restingas de Carrasco: una barrera de rocas y rompientes, algunas se ven, otras no. Depende de la marea. Por eso se toma la Isla desde el Sur; si uno la toma por afuera y pone proa al Buceo, se saca de encima la Isla y las restingas con una sola maniobra, pero se pierde bastante tiempo. Por eso de día se puede pasar por adentro, por un canal que es amplísimo, una inmensidad si uno ve. Ya es de día pero la bruma no me deja ver nada, el canal es ahora tan delgado como mi incapacidad para orientarme; si viro demasiado, corro peligro de encallar en las restingas. Miro hacia arriba y veo la punta del mástil que hace un rato no veía. ¿Estará despejando? Desesperado miro en dirección al rumbo que voy, pero no veo nada, apenas veo la proa, que de cualquier manera, hace un rato no veía.

Tengo frío, estoy envuelto en bruma, en una humedad que me hiela. Desesperado por la situación, por no ver, no me había dado cuenta de que estoy muy desabrigado, helado, helado por la bruma, helado por el miedo. No miré el reloj pero, calculo, que ya pasó mucho tiempo desde que me di cuenta de esta situación. Debe hacer una vida que no veo y el barco siguió avanzando.

Grito, para llamar a los muchachos sin resultado, los tipos están fritos, agotados por la paliza de la noche anterior. Sigo navegando, con un viento que arrecia un poco, firme en el mismo rumbo. Sigo, también, gritándole a mis hijos, con la vista fija en la puerta que comunica el debajo caliente de la cabina y las cuchetas, con el arriba de la cubierta mojada de neblina.

Al fin asoma la cabeza de Alex por la puertita; mi hijo menor somnoliento pero alerta. Veterano de muchas regatas, antes de subir a cubierta ya sabe que navega normalmente, ya sabe de dónde viene el viento y su fuerza. Para eso no se necesita ver. Igual me interroga: ¿Qué pasa viejo? Sin esperar respuesta pasea la mirada por el mar, con el instinto del tipo marinero que quiere saber cómo andan las cosas por sí mismo. ¡Ah! Ya pasamos la isla, comenta. Y dirigiéndose a mi: Papá ya podés virar, no necesitas alejarte más. De este lado es profundo. Por fin me pregunta sin ganas: ¿Querés que te ayude con las velas para la maniobra ? Sorprendido por la nueva situación y con remordimientos por haberlo despertado inútilmente, le contesto: no gracias, alcanzame la campera que está en la cucheta de babor y andá a dormir; te llamo cuando estemos llegando.

Había dejado de mirar un instante, o por lo menos a mi me pareció un instante, mientras llamaba a los muchachos. En ese instante, despejó. Despejó lo suficiente como para que se pudiera ver a unos cientos de metros a la redonda. La isla ya no estaba frente al barco, estaba al costado, casi a popa. La niebla no me dejó ver como pasamos ciega y limpiamente de largo. Pasé por el costado Este de la isla sin siquiera saberlo.

Me puse la campera y me dispuse a hacer la maniobra para virar. Antes, alcancé a ver el cielo totalmente azul y el lejano horizonte ya casi despejado. Hice la maniobra sin problemas rumbo al puerto del Buceo. Ya no tenía que hacer más nada hasta llegar, tenía por lo menos tres horas a solas conmigo. A pesar de la campera, el frío se quedó en los huesos, el frío de un hijo perdido en el mar, el frío de un naufragio por la niebla.

Lo que quedaba de camino me acompañaron bandadas de gaviotas que ahora podía seguir con la vista, volando casi a flor de agua, desde sus nidos en la isla hacia la costa, que ya se veía claramente y acercándose, sin rastros de bruma.
Nolo

[15/11/2012]

Acabo de resolver que a esta altura puedo decirlo. Quien firmaba Nolo asistía al taller literario de Mario Levrero (Jorge Varlotta, mi amigo), quien usaba la foto en cuestión como motivadora para producir textos. Jorge me mandó el texto de Nolo, con pedido de que lo publicara pero no contara nada al respecto. Así somos. Así estamos. No sé quién es Nolo. Perdón, si tengo que pedirlo.