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viernes, 2 de agosto de 2013

El saquito

[2/8/2003]

En una mesa del tenedor libre que está un poco adelante y un poco a la izquierda de mí hay una chica más bien gordita, linda, con un escote rojo completamente abrumador, y sobre la prenda roja un saquito negro abierto. Está con su novio. Cuando él se levanta a buscar algo de comida, ella se cierra el saquito como una monja. Cuando el novio vuelve, asoma otra vez el abismo bordeado de rojo.

martes, 30 de julio de 2013

jueves, 25 de abril de 2013

Pasos

[25/4/2003]

El bar está en silencio hasta que se oyen unos pasos terribles desde el piso de arriba. Es una mujer de pantalón y saco marrones, que empieza a bajar la escalera de madera calzada con unos zuecos estruendosos. Suena como el carcelero que te viene a buscar para la silla eléctrica.

martes, 16 de abril de 2013

WMD

[16/4/2003]

Cuánto le faltará a ese chico que reparte tarjetas en el subte, de la misma altura que mi hijo pero seguramente un par de años mayor, el de la mirada en diagonal, el que da la mano a cada pasajero sentado tal como alguien le habrá dicho que hiciera, y a cada mujer que acepta la mano le agrega un beso en la mejilla, ese chico flaco y un poco apagado que va moviendo los labios como si mantuviera un diálogo interno, pero más que diálogo una lucha, el que al final del pasillo se detiene a pedir con voz de jardín de infantes "una ayuda para mis cuatro hermanitos que no tengo nada para darles de comer", a ese chico, digo, cuánto le faltará para que empiece él también a fabricar armas de destrucción masiva.

[16/4/2013]

Releyendo este post diez años después, me dio la impresión de que se puede ver como reaccionario (y mirando los comentarios veo que ya entonces me pareció que se podía malinterpretar). No fue la intención, puedo decirlo porque me conozco bien aunque del post en sí me haya olvidado. Pienso que hoy no lo escribiría, pero en ese momento debió surgir de la sensación de culpa, y de percibir que, a falta de otra solución, la violencia siempre es un camino posible para las víctimas. Por otra parte, eso de las "armas de destrucción masiva" era un cliché en tiempos de invasión estadounidense a Irak, con bastante de ironía; decir "para que empiece él también" es un giro sarcástico que me conozco. Igual, no entiendo bien qué me llevó a postear esto.

jueves, 21 de marzo de 2013

Eso

[21/3/2003]

El hombre está de pie junto a una mesa en Güerrin. Tiene la cabeza erguida, la espalda recta, el pelo gris peinado hacia atrás, una mano en una silla y la otra aferrada al celular junto a la oreja derecha, mientras habla con voz potente para que todos sepamos lo importante que es.

—Eso lo tenemos que... —dice de pronto, un poco más fuerte que las frases anteriores, y deja oír uno por uno los puntos suspensivos. Ahora sí, ahora mira hacia un horizonte inexistente más allá de los azulejos de colores de la pizzería, más allá de los edificios de la avenida Corrientes, más allá de nuestras simples expectativas de mortales, y con voz de Alfredo Alcón haciendo de San Martín, da el golpe final—. Eso lo tenemos que evaluar.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Una chica en bicicleta

[20/3/2003]

Venía una chica andando en bicicleta con una pollera más bien corta. Cada vez que una pierna subía y bajaba, la pollera subía pero no bajaba. La ciclista sostenía el manubrio con la mano derecha, mientras con la izquierda trataba de poner la pollera donde había estado un segundo antes. Y al mismo tiempo sonreía luminosamente, con toda la cara. La sonrisa más ancha que se haya visto en un largo tiempo.

lunes, 4 de marzo de 2013

Universos paralelos

[4/4/2003]

Los universos paralelos existen, y están todos en una cuadra de la avenida Cabildo. Cada uno consiste en un grupo de personas distribuidas en esa cuadra, que pueden conocerse entre sí o no, pero tienen en común intereses de alguna clase. Uno cualquiera de esos universos sólo interactúa con los demás en caso de accidente o extrema necesidad. Si bien hay elementos que pueden pasarse de un universo a otro, cuando algo así sucede se trata siempre de una transición difícil, hasta traumática, para la persona involucrada y a veces para otras.

Por ejemplo, la gente que va en vehículos forma tres universos que se relacionan pero no al punto de perder su paralelitud:

1. Los taxistas van atentos a su marcha en fila india y a las reglas complicadas que los atan entre sí. Algunos bordean un colectivo detenido igual que un camino de hormigas bordea una piedra.

2. Los colectiveros mueven sus ballenas con ruedas en arcos extensos, del cordón al carril central y vuelta al cordón, intercambiando posiciones unos con otros en una especie de trenza, cuidándose de los demás colectiveros pero manejando como si no hubiera nadie más en la calle. En cada colectivo, varias personas tratan de ignorarse mutuamente, pero como todas pertenecen al mismo universo, no lo logran.

3. Cada automovilista dedica algo de su energía al odio de taxistas y colectiveros, pero sabe que nada puede hacer contra ellos. Entonces se dedica con pasión a despreciar a los otros automovilistas, esos inútiles que no saben manejar.

La gente que está en las veredas y en los negocios forma muchos universos, más complejos y difíciles de describir que los del asfalto. A modo de ejemplo:

1. Las chicas de cierto segmento de edades sólo miran a los chicos de cierto segmento de edades, y viceversa. También hay subdivisiones relativas al nivel social, al aspecto físico y al estilo, todo con un nivel de especificidad que no se encuentra en otros animales.

2. Los kiosqueros perciben el movimiento de gente como ruido, a la manera de esos estímulos que de tan repetidos ya no provocan reacción. Sólo están atentos a quienes se acercan, para dividirlos en dos grandes categorías: los clientes y los que buscan la parada del colectivo.

3. Quienes venden artesanías, ropa interior o discos piratas se miran entre sí, hablan con sus amigos, esperan la señal de levantar todo en cuanto se acerca un peligro.

4. La gente mayor camina del brazo mirando las baldosas que han quedado cubiertas de cicatrices de accidentes pasados.

5. Los chicos, que perciben la cuadra como un parador de lobos marinos entre los que sólo ellos pueden moverse con velocidad, van pendientes de otros chicos, de los kioscos de golosinas y de sus padres.

Hay muchos más, pero detengámonos aquí para considerar lo siguiente: todos estos universos forman una densa red de información, pero a la manera de las frecuencias de radio, cada uno consigue que su propia información atraviese las otras sin ser modificada. Sus integrantes están sintonizados con la frecuencia que les importa, y todo lo demás resulta, a lo sumo, una carga de estática.

(Estoy yendo a la farmacia a comprar un líquido para lentes de contacto. Llevo en la mano un frasquito vacío, de otro líquido para lentes de contacto, por el cual me van a hacer un descuento debido a que hay promoción especial. Por el momento, creo que para todos soy ruido.)

sábado, 9 de febrero de 2013

Malabaristas

[9/2/2003]

Ayer a la tarde había dos malabaristas en un semáforo de Figueroa Alcorta. Salían corriendo al centro de la avenida en el momento justo en que los autos se detenían sin ganas, o tal vez un poco antes, y empezaban a revolear tres pelotas cada uno. Se reían mucho, se hacían bromas entre ellos, se tiraban una pelota de vez en cuando. A último momento se acercaban a los autos a pedir monedas, pero esa era la parte menos divertida, la que hacían por obligación. Luego, cuando los autos detenidos se ponían en marcha otra vez y los otros autos, los que venían del semáforo anterior, se acercaban a setenta por hora con un odio inhumano, corrían hacia la vereda en un final hollywoodense. Pero todavía les quedaba tiempo para dirigirse un grito, una risa, otro pelotazo.

Ninguno de los dos tendría más de ocho años.

sábado, 12 de enero de 2013

Chicos

[12/1/2003]

Los chicos juegan a esconderse de ella. Cuando los encuentra, juegan a matarla. Ella se va caminando, llorosa y lenta, a abrazarlo al padre.

—Papá, me mataron.

sábado, 5 de enero de 2013

Miedo

[5/1/2003]

Este médico que trata con pacientes terminales desde hace años tiene, en cierto momento, de una forma irracional, un espantoso miedo a la muerte.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Gente en el subte

[9/11/2002]

Ese hombre alto y gordo, de bigotes, medio calvo, con remera blanca y pantalones de gimnasia, pasa silbando el arrorró.

*

Es una chica linda, salvo por esa horrible cicatriz en el cuello, esa cosa sin forma por debajo y un poco por detrás de la oreja. Hasta que mueve la cabeza y resulta ser un aro, un pendiente que termina en una piedra color salmón.

*

Ella (otra) tiene una cicatriz que le parte el labio superior. Él la besa exactamente ahí.

*

Viene por el andén corriendo bajito: la espalda bien derecha, los brazos quietos a los costados, sólo corre la mitad de abajo de las piernas, arrastrando los pies.

*

Hay un sargento de la policía en el siguiente grupo de asientos. Mejor dicho, hay unas jinetas de sargento, tres segmentos amarillos, en una prenda color azul oscuro. Mejor dicho, hay un chico de pelo largo que lleva una remera con tres rayas amarillas en las mangas.